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Un hogar fuera de casa: mi estancia en Augsburgo

Por Cintia Estefania Ramírez Martínez
Abril, 2026

A menudo se dice que la universidad es el espacio para encontrarnos, pero a veces es necesario cruzar el océano para terminar de descubrir quiénes somos. En octubre de 2025, emprendí una movilidad hacia Augsburgo, Alemania, una experiencia que concluyó en febrero de este año y que, sin duda, marcó un antes y un después en mi vida.

De lo académico a lo humano

Si bien mi trayectoria en la carrera ha estado llena de retos y vivencias satisfactorias, la movilidad fue un "punto y aparte".
Más allá de las aulas, lo que realmente me transformó fue convivir con personas de todo el mundo y ser testigo de la resiliencia humana.
Muchos compañeros extranjeros destacaban la libertad que sentían al estar lejos de casa; para nosotros, en el Instituto de Energías Renovables (IER), esa autonomía no es extraña, ya que la mayoría somos foráneos desde el inicio. Sin embargo, vivir esa independencia en un país con una cultura e idioma distintos, donde mi alemán neutro se enfrentó a los cálidos pero desafiantes acentos regionales, fue la verdadera novedad. Descubrí que la capacidad de adaptación no tiene límites cuando hay voluntad.

La comunidad como refugio

Uno de los aprendizajes más bellos fue entender que se puede construir un "hogar fuera de casa". Tuve la fortuna de coincidir con personas excepcionales que hoy llamo amigas y que sé que me acompañarán a lo largo de los años. Esa red de apoyo es lo que te permite lanzarte a explorar el arte, la cultura y la arquitectura europea con la seguridad de que no estás solo, lo cual fue, sin duda, una de las mejores experiencias. El ver cosas tan bellas que parecen sacadas de esta realidad te da un sentimiento imposible de describir.

El mundo y nuestras raíces

Viajar por Europa te abre los ojos a la cercanía de la historia y al funcionamiento del "primer mundo", pero curiosamente, esa apertura también me hizo revalorar a México. Al estar del otro lado, te das cuenta de que a veces infravaloramos lo que tenemos. Extrañar las raíces es parte del proceso: te permite explorar el mundo con la certeza de saber exactamente a dónde y con quienes quieres volver.

Hoy regreso con el corazón lleno, convencida de que no solo somos individuos capaces de lograr lo que nos propongamos, sino seres humanos diseñados para crear comunidad, sin importar las fronteras o los idiomas.

Mi grupo de amigas en el centro de Augsburg

Último día en la universidad de Augsburg

Fotos impresas en cabina de fotos navideñas

Fotografía con mis amigas en la biblioteca estudiando para los exámenes

Uso interno